Lo que peor llevo de ser madre

16 de octubre de 2017
Cuando me convertí en madre no tenía ni puñetera idea de la que se me venía encima. Imagino que a muchas les pasa lo mismo... Te lo cuentan por encima, te imaginas un bebé, al que dar de comer, al que bañar y cuidar... y ya. Pero ese bebé crece. Y crecer implica muuuuchas cosas. En definitiva la maternidad implica cosas buenas y malas. Y como todo el mundo habla de lo maravillosisimo que es convertirse en en madre, pues aquí vengo yo a aguaros la fiesta. Que no. Que yo lo que quiero es desahogarme y contar lo que peor llevo de ser madre. He aquí las razones del titulo del post:

1. Sentirme juzgada por cada acto que hago con la peque. Pues si. Eli y yo vamos paseando por la calle y de repente a la niña se le antoja coger una piedrecilla del suelo y comérsela. Mi primera reacción (sé que esta mal y lo reconozco) es pegarla un grito diciéndole que no se coma las piedras que va encontrando. Después me doy cuenta del grito que la he pegado y miro a mi al rededor a ver si alguien me esta echando una mirada reprobatoria... De momento Eli no ha montado ningún pollo por la calle, aun no se como reaccionare... pero seguro que me pongo a mirar a ver quien esta cerca y así, ver venir el comentario inoportuno de turno. Lo mejor de todo es que, que yo recuerde, nadie nos ha dicho nada de momento. Pero leyendo continuamente twitter y otros blogs de mamis a los que les pasan estas cosas yo ya voy prevenida por si las moscas.
También me pasa con la familia. Sobretodo con la política, ya que a la mía no la vemos demasiado y las veces que quedamos no me siento juzgada en absoluto, de momento. 
Con mis suegros al vernos mas, es inevitable que ellos vean como hago yo las cosas con Eli. La forma de darle de comer, la forma de hablar, tener muy claras sus rutinas de sueño... puedo ser una madre un poco tozuda y mandona. Me gusta que las cosas se hagan a mi manera, ya que llevo casi todo el peso de la educación y cuidado de la peque, por lo tanto me siento muy responsable. Y aqui viene la segunda razón lo que peor llevo de ser madre:

2. Sentirme una madre dictadora cada vez que tengo que defender sus rutinas de sueño, de comidas, de salir a la calle... siempre que hacemos algo que trastoca las rutinas de la peque, lo pagamos y bien caro. Pues eso como la gente cercana no lo ve de cerca, no se lo creen y me tratan como la típica madre controladora y maniática que quiere hacerlo todo como ella diga. ¡Ay! si supieran el carácter que tiene mi hija de puertas para adentro. Seguro que más de uno se lo piensa dos veces antes de juzgar. Que yo eso de que a las 2 en punto coma y a las 2 y media se eche la siesta no lo hago por que me apetezca a mi. Que como la peque no duerma sus horas, tenemos Gremlin para rato... y eso solo lo soportamos vemos su padre y yo.

3. Tener que dar explicaciones. Ya lo llevaba mal antes de ser madre... ¡Y ahora lo llevo el triple peor! "¿Que tal la niña?" "¿Esta comiendo?" "¿Hace  caquita?" Siiii.... uf. Es una cosa mía ¿eh? Que sé que lo hacen con buena intención y por interesarse pero... me siento como si estuviera en un interrogatorio. Y claro si lo haces mal, la culpa es de mamá. Es una cosa de inseguridad mía, lo sé. Pero no soporto tener que dar explicaciones de lo que hago y lo que no además de dar razones para que se pongan un poquitin en mi lugar y entiendan mis decisiones.

4. La responsabilidad de educar a la peque la mayor parte del tiempo en solitario. Debido al trabajo del papá, Eli y yo pasamos muchas horas juntas. Muchas horas solas. Fue difícil cuando recién parida y con una cesárea muy dolorosa me quede sólita a los 15 días de nacer la pequeñaja. Difíciles han sido estos 21 meses, también por mi decisión de estudiar y hacerme cargo de la peque a la vez... Alguno dirá, pues tu te lo buscaste. Pues si. Pero no quería quedarme estancada. Algún día mi niña será, mayor ira al cole y yo tendré que volver a trabajar, vamos digo yo. Pero eso es otra historia. A lo que me refiero es, a tener que decidir millones de cosas referidas a la niña, yo sola. Saber que la batuta de su educación, de "moldearla" y guiarla es mi responsabilidad la mayor parte del tiempo, me asusta y me da miedo equivocarme. Este verano en muchas de las conversaciones que tuvimos, se lo comente a mi marido, que me bloqueaba que él no estuviera cuando le necesitaba. Me paralizaba. No me parecía justo y por eso, estos meses hemos tenido una crisis grande que veo ya, superada.
A veces me satura esta responsabilidad, de tal manera, que tengo que dejar que mi marido decida solo en ocasiones. Que me pregunte continuamente "¿Y ahora que hago?" Y esperar que yo sepa todo lo que hay que hacer, también me puede. Otras veces digo como deberían de ser las cosas y no me hacen ni caso y ahí exploto... Educar entre dos es una tarea complicada. Ahora que lo pienso hasta daría para un post. Y entre uno, la culpa de que la niña sea como es, se la lleva la menda. Un cuadro vamos.

5. Cuestionarme cada cosa que decido llevar a cabo con Eli. Para echarle más miga al asunto encima desde que soy madre, me he vuelto muy insegura. Ahora la peque lo esta pasando mal con el tema cole. Parece que unos días vamos bien y que esta genial y a los siguientes, esta rabiosa y enfadadísima con el mundo. La entiendo... es un cambio muy grande y es pequeña, y aunque parezca que lo lleva bien, estar sin mi después de tanto tiempo juntas, tiene que ser horrible para ella. Además estamos intentando quitarle un poco esa dependencia que tiene a hacia su mantita, por que se pega unos cabreos, llamándola cuando no la tiene... Queremos que solo sea un juguete de apego para dormir, pero Eli la busca todo el tiempo, y veo que la limita de hacer muchas cosas. Todo el tiempo la esta acariciando y sin hacer nada. Como no este cerca se pone muy nerviosa... pues ayer hablándolo con el papi, le dije que no podíamos seguir así. No podemos hacer nada sin que no este su Ada. Y alguna rabieta que se ha pillado ha sido solo por este objeto, siempre por no tenerlo cuando ella quiere. Ayer la convencimos con mucho esfuerzo, de que solo es para dormir, arriesgándonos a que ni siquiera se tomase el biberón por no dársela. Al final cenó mejor de lo esperado... pero por la noche se despertó entre sollozos, gritando por su Ada (no sabemos por que la llama así...) aun teniéndola en sus manos. Y hoy la entrada al cole de nuevo ha sido un horror de llantos y de no querer soltarme... Y en ese momento pienso ¿LO ESTOY HACIENDO MAL? Con tantos cambios, ¿debería dejarle su mantita sin pensar en la dependencia que le provoca? Y si se la doy ¿Estoy dejando que mi hija deje de hacer cosas, aprender o jugar por la dichosa mantita?

6. La maldita culpa. A lo anterior se le une el haber decidido algo y cagarla nivel máximo. Como el ejemplo que pongo en el punto 5. Hoy creo que lo he hecho muy mal "quitandole" su objeto mas preciado en un momento tan duro  para ella como su reciente escolarización. La rabieta de ayer fue innecesaria si yo no pensase en lo que puede limitarle, el que tenga la Ada todo el santo día con ella.
Veo que no dándosela y dándosela la estoy haciendo un lío tremendo y solo por mis mierdas mentales la estoy fastidiando. Lo mismo me pasa con las comidas. La culpa me hace martirizarme y pensar que lo mismo la he provocado yo, que no le guste comer por las veces que la he obligado ha hacerlo. O por hacerle un lío ofreciéndole comida entera y aveces triturada... o por que a lo mejor no comí lo suficiente en el embarazo... Me siento culpable por las veces que le pongo dibujos o... por que, que tenga tan poca iniciativa es por que yo le digo siempre lo que tiene que hacer... tengo tantos defectos, tantas cosas que cambiar para que mi hija no sea un mal reflejo de mi misma, que me culpabilizo de todo cuanto hago con ella o por ella. Si quitamos lo anterior, realmente lo que peor llevo de ser madre es la puñetera culpa que me persigue por cada cosa que decido por Eli. No quiero que sea perfecta, pero mejor que yo, si. Y la responsabilidad del punto numero 4 esta ahí presente. 

Por lo menos no cesaré en mi afán de ser la mejor madre para ella aunque me cueste muchas lagrimas y angustias. 

Y a ti ¿Qué es lo que menos te gusta de ser madre/padre? ¿Te reconoces en alguno de estos sentimientos? 

- "Mamá ¿parque?"

5 de octubre de 2017

No... por favor...

Eso es lo que pienso cuando llegan las seis y media de la tarde y toca salir a la calle. Por favor que no me pida ir al parque. No por que no me guste ir. La verdad es que me encanta ver a Eli jugando con la tierra, ver como aprende a subir los toboganes y demás artefactos creados para romperse los dientes... me gusta ir, PERO SI NO HAY NADIE MÁS en el parque. Ni padres, ni niños. Ala ya lo he dicho. Soy una madre antisocial.
Ahi me ves. Saliendo de casa cargada con el cubo y la pala, deseando no tener que sacarlos de la cesta del carro. 

Le digo a Eli que vamos a dar un paseo y luego vamos a jugar al parque. El paseo consiste en ir de parque en parque para comprobar que no hay gente. Así de triste soy. Pero como esta haciendo muy buen tiempo todavía, están hasta arriba. Llenos de niños saltando como locos en los columpios, tirando arena o piedras al cielo, padres y madres apostados en el banco de al lado fumando o de charleta sin hacer caso de sus vástagos, algunos mirando a los niños pero sin meter baza para mediar en los conflictos. ¡O lo que es peor metiendo baza para regañar al tuyo!

De parque en parque y tiro por que me toca.

Sigo mi paseo sudando a mares por que no voy a poder alargar la agonía mucho mas tiempo. He de decir que Eli va tranquila en su carro mirando todo y esperando paciente que llegue su turno de diversión. En la calle si es paciente. Una niña ejemplar. La peque no pega, ni tiene arrebatos de locura. De momento. Pero en cuanto ve un cubo y una pala ajenos los coge como si fueran suyos y sudo más. No quiero que venga ningún padre/madre malhumorado a echarme la peta delante de mi hija. 
No soporto esas situaciones.
No me sé defender. Me aturullo. Me siento pequeñita y si pudiera cogería a mi hija en brazos y saldría corriendo sin mirar atrás. Con el carácter que tengo y me achanto a la mínima.
No estábamos en un parque. Pero este verano viví en mis carnes una situación que me dejo en ese estado de indefensión. De vacaciones nos alojamos en un hotel con bufe libre. Y una de las noches fui a calentar el biberón de Eli al único microondas que había en la sala. Como teníamos prisa me lleve a Eli conmigo de la mano. El microondas no estaba en funcionamiento, así que lo abrí para meter mi bibe. Sorpresa, había un biberón lleno pero no había nadie. Inocente de mi pensé "anda, seguro que algún papá/mamá despistado se ha olvidado del biberón de su pequeño. Lo voy a sacar para meter el mio ya que no hay nad..." de repente una voz detrás mía "oye oye oyeee perdona! Que estaba yo antes!" Me quede petrificada. Me dio un susto tremendo. Era un tío gigante y tenia una cara de mala leche que alucinas. Me aparte, cogí a la niña en brazos y le dije bajito " Ay perdona. No había nadie y ..." "Ya bueno, estaba dentro mi biberón." Me contesto con una mala leche el tío... Viendo que no era muy colaborativo me calle. Esperé. Sabía que el tío ese no estaba calentando el biberón por que el microondas seguía apagado. Pero me quede ahí parada sin decir ni mu. Espere mi turno apretando a Eli contra mi sin decir nada. Ni defenderme ni explicarme... intuía que me iba a pegar contra un muro si decía algo. Después se fue.
Le conté indignada lo sucedido a Fer y me dijo que por que no le había dicho nada. Pues por que en esas situaciones me cohíbo muchísimo.

¿Por eso no me gustan los parques? Por eso y por más. Me revienta y sé de buena fe que los hay, que haya padres que pasen de sus hijos, que no pongan limites y que no les enseñen a respetar a los demás niños. Eli y yo nos hemos topado con niñas que cogen sus juguetes y se los quitan sin preguntar, otras veces preguntan si pueden jugar y yo siempre dicho que si, claro. Ayer sin ir mas lejos fuimos a dar un paseo a ver a los patos y después al parque que había cerca. Este parque es grande tiene varios toboganes, un tubo para meterse y una plataforma en forma de barco que a Eli le encanta conducir. También hay una mesa con un banquillo para sentarse a la que la peque también le gusta mucho subirse y mirar. Ayer había un grupo de niños mayores que la niña. Tendrían ya, sus 3 o 4 años... Corrían de acá para allá enloquecidos, como niños, claro. Eli los miraba e intentaba hacer lo que ellos. Le alucina mirar a los niños mas mayores que ella. Se queda como un pasmarote ahí clavada, les dice "¡hola nena!¡Hola nene!" moviendo su manita mientras generalmente los pequeños la ignoran cosa que comprendo perfectamente. Pero a mi me da penilla, no te voy a engañar. Bueno, a una de esas peques le molestaría que Eli estuviese sentada en el banquillo de la mesa y ¡le dio por cogerla de las manos y tirarla al suelo para ponerse ella!O_O Mi marido que esta vez si estaba con nosotras, le dijo a la peque que eso no se podía hacer y yo corriendo me fui a por la peque a cogerla en brazos. ¿Dónde estaban los padres de esa niña? En el banco de enfrente y sin inmutarse. Casi me acerco a ellos a increparles que clase de irresponsables eran. Pero me contuve. NO quiero liarla. ¡no me gusta! Les eche un par de miradas asesinas a ver si se levantaban por lo menos, pero nada ahí se quedaron... yo por mi parte, después de preguntarle a Eli si estaba bien, lo que me salio fue decirle que tenía que defenderse. ¡Que no podía dejar que la tiraran!
Después pensé que era una tontería, mi niña aun es pequeña para entender que hay niños que tratan mal a otros. Me sentí fatal. Ella en casa tiene mucho genio (aveces hasta nos pega) pero le pasa lo que a mi. ¡Se acobarda en la calle! ¿O simplemente es que aun no sabe defenderse? La verdad es que papá y yo estábamos dentro del parque, viendo lo que podía pasar, mirando todo el tiempo a la peque ¡y no pudimos evitarlo! También me siento mal por ello... 

En la urba de casa también hay un parquecillo al que solemos bajar de vez en cuando y allí nos juntamos algunas vecinas que tienen niños de la edad de Eli mas o menos. Pero tampoco me gusta el rollo que se crea. Me refiero al "¿Te quedas con mi hijo esta tarde que yo me voy a pilates?" No me va. Sé que obligatoriamente Eli en un futuro tendrá que tener sus amistades y yo hacer de tripas corazón por ella, pero aun es pequeña y me resisto a esas situaciones que comprometen mi tranquilidad y estabilidad emocional.

De momento vamos de parque en parque y tiro por que me toca.

Y a ti ¿te gusta ir al parque con tus peques? ¿Como lo llevas cuando tienes que lidiar con alguna situación difícil? ¿Te ha pasado algo parecido a lo que cuento?


Ella nunca estará.

5 de octubre de 2017


Eli se ha vuelto a poner malita. De repente ayer
de madrugada vomito toda la cena en la cuna, en la ada (su mantita), en el suelo... había una pota monumental. Perdón por ser tan grafica. Nos pusimos manos a la obra. Papá con la peque a la bañera y yo a recoger el tema... me había tomado un frenadol hacía unas horas y estaba zombi pero aun así me entraron ganas de vomitar a mi también. La primera vez que Eli vomitaba de esa manera. Mientras iba recogiendo el estropicio, pensaba en que la noche iba a ser larga. Tenía la pequeña esperanza de que solo hubiera sido un corte de digestión pero no. La segunda vez echo el agua que nos había pedido. Y ya tomé la decisión de trasladarme a su habitación. El ritual de cuando se pone malita estaba activado. Al papel higiénico y al termómetro se unieron el vasito de agua, papel de cocina y una ensaladera para los próximos vómitos. Puse a la peque a mi lado en la cama de noventa e intentamos dormir. 3 veces tuvimos que utilizar la ensaladera que hacia las veces de palangana. Mi pequeña ya solo echaba bilis. Aunque se quejaba, pudimos dormir de tanto en tanto. A las 3 de la mañana viendo el panorama llame al contestador del centro de salud y me dieron cita para hoy mismo a las 10 de la mañana. 
He llamado al cole, desayunado,  preparado la bolsa con pañales, toallitas, ropa de recambio, agua y un babero de esos gigantes por si acaso.

A las 9 se ha despertado con caca blanda... ufff. La he cambiado y vestido. Después la he ofrecido algo que sabía que podría gustarle. Pavo. Se ha comido la mitad de la loncha. Como me ha parecido poco y llevaba muchas horas sin comer nada le he preguntado si quería leche y me ha dicho que si. Se ha tomado un cuarto del biberón. 

La he cogido y al medico. Cuando salgo del coche apurada de tiempo, habiendo cargado el carro con todos los archiperres, me doy cuenta de que la llave de mi coche no funciona. Mierda. Y ahora como cierro el coche. He empezado a hablar en arameo, acordándome de mi mala suerte... al final, he llamado al papá y me ha iluminado: "cierra con la llave manualmente" ok.
En el medico nos ha atendido otra pediatra... me ha recetado suero. Que no coma nada más en todo el día que eso. Vale. ¿Y si no lo quiere? Pues dale agua, que esté hidratada. Genial. 

Vuelta al coche con la niña, el carro, la mochila, la bolsa de recambio... ¡Y el coche se había quedado abierto! ¡WTF! Solo se había cerrado la puerta del conductor. Mi no entender... he llamado otra vez al padre. "No te preocupes, ya lo arreglaremos" 
Llego a la farmacia y compro el suero. Y como veo que Eli esta bien y retiene el desayuno, me envalentono y me voy hacer la compra de la semana. Quería quitármelo de encima cuanto antes. Cuando hemos llegado al súper, la peque ha vomitado el desayuno al lado de los carros. Que guay. La he tranquilizado. Me he organizado y he seguido adelante con mi propósito. He hecho la compra en tiempo record.

He llegado a casa, he recogido compra y cocina, he hecho las camas, barrido, fregado platos... mientras intentaba darle el suero a la peque de poco en poco como me habían indicado. 
He llamado a mi madre. Y como no cogía el teléfono (nunca está cuando la llamo) la he dejado un mensaje diciéndole que hoy no podíamos quedar por la tarde, por que la niña estaba mala. 
Hace tiempo, meses, que no la veo. La semana pasada, la eché de menos por primera vez en años. Necesitaba ayuda. Necesitaba su ayuda.  Me abrí a ella de nuevo. Y está semana me decidí a darle otra oportunidad para intentar algo, otra vez. Pero cuando la he necesitado no estaba. Nunca está.
Así que cuelgo. Respiro hondo. Miro a mi hija. Y pienso: "Mientras yo este en este mundo nunca te voy a dejar sola" 

Cómo le hablas a tu hij@, importa.

3 de octubre de 2017

A falta de 7 días para que la peque cumpla 21 meses, puedo decir que, desde hace mucho, se le ha soltado la lengua. Como ha habido un lapso de tiempo grande en el que no he estado escribiendo, no sé decir muy bien la fecha exacta de cuando ha empezado a hablar bastante. Antes del verano ya decía muchas cosas.
Eli empezó a andar a los 15 meses. De repente un día salimos por la tarde a dar un paseo y tiro millas. Así sin más, con el miedo que le daba echarse a andar y las ganas que teníamos de que lo hiciera... pero al final ¡todo llega!

No sé si estará relacionado. Sabemos que cada niño tiene su ritmo y depende de qué capacidades determinadas tengan más desarrolladas que otras, harán ciertas cosas antes o después. Pero todos llegan, a no ser que haya un problema, que no suele haberlos.

La peque tardo en andar. Se pego un porrazo con un carrito andador y desde ahí le cogió miedo. Pero hablar... hablando no te caes, ni te haces daño, ni te pegas sustos... Me acuerdo de cuando miraba agobiada los ítems de lo que suelen hacer los bebés de mes en mes. Hacia muchas cosas, pero otras que me parecían importantes, no.
Eli, tardo en hacer gorgoritos y balbuceos. Yo lo achaco a que por aquella época yo estaba bastante triste. Y no tenía ganas de hablar, ni de cantar como hago ahora. No le hablaba mucho. No tanto como ahora. Luego veía que estaba seria y lloraba un montón, con lo cual se me quitaban las pocas ganas que tenía de hablarle o cantarle. Tampoco ayudaba que papá estuviera fuera la mayoría del tiempo. Al final, me pasaba mucho tiempo sola con ella. Su primer verano, estando los tres juntos, notamos una diferencia abismal. Ya sí balbuceaba, se movía más, interactuaba con nosotros y la gente de su alrededor…

Pero es cierto que al estar solo conmigo, las posibilidades de desarrollar el lenguaje eran más justas. Hasta que empecé a estudiar Educación Infantil solo había leído en varios blogs de crianza y educación que era muy bueno hablarles, cantarles para estimularles en ese sentido, pero no insistía demasiado.
Al tener ya algunos conocimientos, si le doy mucha importancia a cómo le hablo a la peque, cómo le explico las cosas, intentando no caer en sonidos, abreviaturas o sustitutivos de lo que pueda ser una palabra o cosa. Por ejemplo, no le digo a Eli "Mira Eli, un guagua" cuando veo un perro. Le digo, "Mira Eli, un perro".  Y ella me responde con "guagua" Es cierto que los peques suelen aprender antes como ladran los perros que la palabra perro en sí, pero no desisto en decirle que lo que ve es un perro y no un guagua.
Creo que es muy importante el cómo les hablamos a los niñ@s. Y hablarles claro y tal y como son las cosas facilita el aprendizaje futuro. Pero no hay que saber educación infantil para poder hacer esto. Simplemente hablándoles de forma sencilla y concreta conseguimos muchos avances en el desarrollo de su lenguaje.

Desde que le doy más importancia al cómo le hablo, veo que la niña a adquirido
muchísima facilidad para comunicarse de forma "correcta" con los poquitos recursos que tiene. También es cierto que los peques suelen entender casi todo lo que les decimos un poco más tarde del año. Su nivel de comprensión sobre lo que les decimos, es mucho más alto que la propia expresión del lenguaje. Aun sabiendo esto, nos quedamos alucinados de que, con tan corta edad entienda tantísimas cosas. Y sus abuelos todavía más.

Mi manera de practicar este aspecto y tengo que decir que me sale solo sin proponérmelo, es preguntarle mucho. Se que no me va a contestar una retahíla, pero por lo menos la invito a que pruebe a decir cosas. La voy contando y anticipando lo que vamos haciendo. Eso está bien para que vayan teniendo conciencia de que detrás de una actividad viene otra, pero ese es otro tema.
Voy manteniendo conversaciones, a veces contesta ella y otras contesto yo por ella para que vaya escuchando como se dicen las palabras, por ejemplo en el baño, le voy contando las cosas que vamos hacer mientras voy quitándole la ropa, le voy detallando "primero la camiseta, luego el pantalón...", a lo que ella responde "panton" Y aquí voy reforzándole de forma positiva, en vez de "no, se dice pantalón" obvio el NO, "Esta prenda se llama pantalón" Y se lo repito varias veces. Evidentemente la peque no lo dice bien, pero intentarlo es lo que me vale. El que tenga interés en intentar decirlo bien es lo que me motiva a seguir adelante con esta práctica.
Además de hablar mucho y preguntarle a la peque, desde hace tiempo (no sé cuánto) tenemos la rutina del cuento. Que, aparte de introducir a la peque al sueño, (con lo que en salvadas ocasiones hemos tenido problema) fomentamos todavía más, el lenguaje. El conocer nuevas palabras, el tono de cómo se lo contamos, el reflexionar en alto sobre lo que hemos leído… ayuda a desarrollar mucho más esta capacidad.
La rutina consiste en: la peque cena, le lavamos los dientes y le contamos dos cuentos cortos antes de llevarle a la cuna. Los tres nos sentamos en el sillón y participamos en ese momento de tranquilidad y relax. A veces leo yo los cuentos y otras veces papá. En casa la lectora empedernida soy yo, mi marido lee menos y en ese momento por lo menos le implico a él también para que lea algo fuera de lo que lee habitualmente. Todos ganamos.

Creo que como en todos los ámbitos de la educación infantil, sobre todo en primer ciclo, (0 a 3 años) sería bueno aprovechar cada oportunidad de aprendizaje que tengamos y si viene de los papas o la familia en general, mucho más, ya que ese aprendizaje será más significativo, es decir, lo que aprenda quedará mejor anclado en su memoria y tendrá más recursos positivos para comunicarse con nosotros.

Como siempre, aquí cuento mi experiencia, por si ayuda a alguien y además, doy mi opinión de madre y futura educadora infantil. Si me lees y piensas que he escrito algo con lo que no estés de acuerdo (seguro que por mi falta de conocimientos ya que aún no soy titulada) acepto todo tipo de comentarios para aprender más. 😊

Y tú ¿Cómo le hablas a tu hij@? ¿Haces algo para estimular el desarrollo del lenguaje de tu peque? ¿Estás de acuerdo en hablarles claro? ¿O abusas de abreviaturas o sustitutivos? 


¿Qué hago si no quiere las medicinas?

25 de septiembre de 2017

Eli está mala. No es raro, acaba de empezar el cole y ya se sabe, virus por doquier campan a sus anchas y se instalan en los pequeños cuerpecillos para hacer de las suyas…
La verdad es que estamos pasando unas semanas malas. Comienzo de curso, adaptación, cambios de tiempo… y encima el viernes después de la mañanita de cole, teníamos cita para que le pincharan la vacuna de la meningitis b o Bexero. Sin más incidente que el pinchacito de marras nos fuimos a casa a descansar y al día siguiente amaneció con tal cojera que decidimos no llevarla a natación. No iba a poder moverse del dolor así que ¿para qué hacerla pasar un mal rato? Estuvimos todo el día en casa de los abus y ya la empezamos a encontrar calentita, pochilla y con más mocos. La enfermera nos había dicho que si había reacción seria en 48 horas. Pensamos que su malestar sería por la vacuna.
Ayer domingo estuvo con decimas todo el día, la cojera había desaparecido y por la tarde ya si estaba congestionada, además se tocaba la garganta.
Esta noche no lo ha pasado mal del todo. Se ha despertado bastantes veces por que no  podía respirar, la oíamos gemir, y toser con tos perruna, de vez en cuando. También ha pedido “apa” (agua) y estaba calentita. Aun así hemos dormido algo.
Ya de madrugada decidimos que hoy no iría al cole, con lo cual estaba más relajada por la posibilidad dormirme sin llegar tarde a ningún sitio.
Pero a las 8:20 la he vuelto a escuchar gemir. Cuando la he tocado estaba ardiendo. Ha sido tal la sensación de calor que me he despertado de golpe. Le he puesto el termómetro y no paraba de subir. Al final se ha quedado pillado en 38.9 y no pitaba. La he desnudado y nos hemos quedado abrazadas haciendo piel con piel mientras llamaba al centro de salud y la escuela. 
No han tardado en darme cita a las 9 y en el cole lo han cogido enseguida. Me he ido corriendo al centro de salud. Sin desayunar y sin darle nada a Eli. Después de un rato ya nos ha tocado y le he comentado a la pediatra (suplente…llevo sin ver a la nuestra mil años, pero ya estamos acostumbrados.) todo lo anterior. 
La auscultado, mirado los oídos, la garganta y en resumidas cuentas tiene un principio de laringitis. Por eso la tos perruna, la congestión y la fiebre.
Casi antes de hacerle nada a Eli le he advertido que tengo muchos problemas para darle cualquier cosa comestible y más las medicinas. Como no nos conocía… ha hecho las preguntas típicas: “¿Has probado a camuflarle el paracetamol en leche o zumo? Ehm… sip. ¿Y el dalsy? Es mas dulce, ¿no lo acepta? No. Lo vomita. No quiere ningún medicamento. Si se lo metemos en jeringa se atraganta y después lo vomita. Y a demás  no quiere comer nada.” Tengo una joyita ¿eh?. 
En fin, me ha mandado Febrectal que es paracetamol en supositorios y una pastilla para la tos, Fortecortin. Bien, de esa pastilla no me ha hablado muy claro. Me ha dicho que era recomendable que se la diera para que no siguiera con esa tos… que la machacase y la echase en la comida. Vale… luego en la farmacia se han extrañado mucho por que me habían mandado esa pastilla ya que según ellas era muy fuerte. Me he asustado y les he comentado lo que me había dicho la pediatra. Que era recomendable dársela. No me ha dado ni tomas exactas ni precauciones ni nada. De hecho,  a la pediatra le he preguntado concretamente si debía darsela como parte del tratamiento y me ha dicho otra vez que era recomendable. Ni si ni no. Por si acaso le daba una fatiga de noche y la teníamos para ganar tiempo antes de ir al médico u hospital.
Las chicas de la farmacia me han dicho que una al día y no más de 2 días seguidos… muy bien. Vale. 
Antes de eso hemos ido a casa a desayunar. Pensando que se encontraría tan mal que aceptaría cualquier cosa me he envalentonado y le he preparado papilla de cereales con su dosis de paracetamol y una cucharada de nesquick para camuflar el sabor. Pues nada. Dos cucharadas y volvía la cabeza. Desesperada trataba de decirle a Eli que si no comía no se iba a poner bien. En otro arrebato he cogido los gusanitos sin abrir, del armario y le he dicho “¿Quieres gusanitos? Siiiiii.” Ha contestado encantada. Genial. Pero antes la medicina. Jeringuillazo y gusanitos después, se ha puesto a vomitar. Guay. Fenomenal. 
Tercera opción y última. Supositorio. Si no funcionaba no sabia que iba hacer ya. Se lo he metido a pesar de que ha llorado un poco y la he aguantado el culete así un rato mientras volvía a tomarle la temperatura. Bien. El miedo era ahora encontrármelo en el pañal así que a cada rato he estado mirándole el culo hasta que ya me he convencido que no iba a salirsele. La mañana la ha pasado bien. Al poco de meterle el supositorio le ha bajado la fiebre. 
He ido a la farmacia con las recetas (si, lo admito, ya tenía febrectal de otra vez, pero me había resistido a aceptar que mi hija no quiere tomar nada vía oral) me han dado el susto de la pastilla, he hecho algo de compra y para casa. 
Viendo que seguía tosiendo he decidido que le daría la pastilla en la comida. Le doy su puré y se la machaco dentro. Pensaba. Pues no ha querido comer. No había manera. Ni dibujos, ni mantita, nada. Ha sido horroroso. Las dos llorando, ella por su malestar y yo desesperada de nuevo intentando hacerle ver que se iba a poner peor… al final no he podido obligarla más. No había manera. Todo era una sinrazón. Y la he llevado a su cunita a dormir.
No sé que hacer más. La oigo toser y me muero de la impotencia. No consigo darle las medicinas. Y me siento muy mal. 
He probado de todo ya. Pensé que la pastilla machacada en el puré no la notaria ¿¿pero si tampoco quiere comer??
Pues en esas estamos. A ver que tal pasamos la tarde y sobretodo lo que más me preocupa es la tos. Que puede empeorar… lo mismo nos toca ir al hospital a que la pinchen por que no soy capaz de que se tome los medicamentos.

Y tú ¿Qué haces para darle las medicinas a tu peque? ¿Se las toma sin problemas? 

Una fina linea entre lo correcto y lo incorrecto

22 de septiembre de 2017
¡Pues ya es viernes! Primera semana superada de Eli en la Escuela Infantil con su horario normal, su tentempié, sus pucheros por que la dejaba allí y me iba. En fin. Le está costando. Igual que a mí que me está pasando factura ver que la peque lo sigue pasando regular cuando vamos al cole. Y digo esto porque llevo un par de días tocada. Soy humana, si.  Aunque no llore en los entierros, tengo corazón.
Además, esta ella, mucho más mimosa de lo habitual, me da unos abrazos que me desarman y cuando dice por las mañanas “mamá no, mamá no” porque no puedo quedarme con ella me da un vuelco el corazón.
La eterna culpa de madre. Pero bueno. No quiero seguir torturándome con esos pensamientos. Yo venía a hablar de mi libro. Perdón. No. Ojalá hubiese escrito un libro. Me gustaría ser escritora. Todo el día sentada, frente al ordenador inventando historias ¡y que te paguen por ello! Trabajazo, si señor. A demás tendría la oportunidad de leer muchos libros cosa que me parece de lo más enriquecedor. Adoro leer.

A lo que iba, que se me va.

Hoy cuando he llegado a recoger a Eli a eso de las 12:50 me he encontrado a los peques viendo dibujos animados en una tele metida en un armario de esos de metal. Ahí estaban. Viendo los dibujos en la escuela infantil. La verdad es que me ha chocado muchísimo. Cuando he cruzado el pasillo hasta llegar a la puerta del aula, los he visto tan quietos a través del cristal y sin llorar, (cosa rara porque en cuanto ven movimiento de padres se ponen como locos) que me he extrañado y además no veía a la mía desde ese ángulo… total que entro y están ahí, santados. Mirando hacia algo que los tiene medio estupefactos y casi sin respirar.
He de decir que cuando la peque me ha visto, en seguida ha venido super contenta hacia a mí. Me ha abrazado y mirado como si no me hubiese visto en años. Eso ha estado bien. Muy, muy bien.
Luego como siempre hago, la observo. Estaba llena de dibujitos de boli en sus manitas, unos pocos restos de comida en la cara y en la camiseta, tenía una toallita en la mano y la cara roja de restregársela. Y por si fuera poco, sus zapatillas blancas, pintarrajeadas de boli.
En fin, que he flipado un poquillo. Pero no le he dicho nada a la profe. La verdad es que mi cara era un poema. Y no quería decir nada de lo que luego me arrepintiera. Han podido suceder mil cosas en las que en ese momento mi cerebro no llegaba a entender, pero… me parece tan raro. Los primeros días la cambiaban si se había mojado un poco con agua y estos últimos días ha salido manchada. Ayer vino con dibujitos en las manos también. Vale. No me importa. Hasta cierto punto. Me explico: Sé (porque lo mejor de todo, es que lo estoy estudiando) que los niños aprenden con actividad, es decir, probando, experimentando y siendo ellos los protagonistas de su aprendizaje. Eso me parece genial. Además, me habían advertido en las reuniones anteriores que no debíamos llevarles muy arreglados ya que se mancharían, iban a pintar mucho con pintura de dedos, jugar con agua, arena y demás cosas que manchan. Por eso le compre dos babis, que de momento no han utilizado.
Que les dejen un boli y se hagan garabatos me parece bien siempre con un control. Porque lo de las zapatillas ya no me gusta tanto. “Que se pueden limpiar con alcohol” dirá una, “que eso se quita” dirá otro, pues si, pero… por más que he frotado y frotado, la tinta no salía. Con acetona tambien he probado, nada. Al final he comprado Alcanfor a ver si mañana nos funciona... 
Creo que hay una fina linea entre lo correcto y lo incorrecto ¿no? Yo en casa no la hubiera dejado pintarse los zapatos y la hubiese regañado. Como salía del cole me la he tenido que envainar.
Igual que lo de la toallita ¿No ves que la niña se está perjudicando restregándosela todo el rato? Tenía la boca como el culo de un mandril.

Le he preguntado a M. que tal el tentempié y me ha dicho que se ha comido el puré de frutas y una galleta. Otro ¡Ouch! pequeñito. Porque hace una semana que le comente que, si le daban fruta, en casa se la comía cortada a cachitos.
Vale. Entiendo que estamos en el periodo de adaptación, que nos estamos conociendo, entiendo que sea más fácil darle a un peque, que suele comer mal, un puré en vez de fruta troceada. Entiendo todo, por que llegara un día en que estaré en el lugar de M. y que lo que querré en ese momento es que el niño no se vaya a su casa sin comer. Solo quieres que coma. Solo quieres que no llore, que cuando su mamá llegue no esté nervioso ni desesperado, que lo vean tranquilo, pero…
En casa veía dibujos un día, una hora. Y ya ni hace falta porque limpio en sus horas de cole. Me peleo con su padre y con mi suegro porque no la atiborren a videos del móvil. Me he sentido como el culo cuando en vacaciones hemos abusado de Peppa pig en las comidas ¿Y ahora me la encuentro en la Escuela Infantil viendo dibujos? A ver, que no estoy en contra de las madres y padres que ponen dibujos a sus hijos. Que nadie se moleste. Me parece genial. Pero yo intento evitarlo porque sé el efecto que tiene en mi hija y no me gusta verla en ese estado.
No he preguntado. Eso es cierto. Porque no quiero ser entrometida. Debo confiar en el trabajo de la educadora y crear un clima de confianza entre las dos. Eso es lo que me están enseñando. No sé si será habitual, si es porque era viernes, si es para evitar que los niños estén tensos a la hora de la recogida o porque simplemente están cansados. Pero me parecía que preguntar por que están viendo la tele era una manera de acusarla en cierto modo y yo no quiero ir por ahí. No me gusta desagradar ni molestar a las personas, ni meterme en su trabajo, ni que se tengan que justificar. Porque a mí me duele que sean así conmigo. Que no confíen en mí.

A si que, aquí estoy. Preguntándote ¿es normal? ¿Te encuentras a tu hijo como si hubiese venido de la guerra cuando vas a buscarlo a la guarde/escuela? ¿Les ponen dibujos en la escuela infantil? ¿Te parece bien? 

La botella de la calma

20 de septiembre de 2017

Hace unos meses hablaba con una vecina de las rabietas de nuestros niños y me comentó que estaba pensando en fabricar una botella de la calma para esos momentos intensos que tienen los peques, en los cuales nos quedamos mas tiesas que un ficus sin saber muy bien que hacer. 

A mi de momento me ha funcionado el cogerla y darle un abrazo gigante. De esos en los que notas todos los huesos del cuerpo. En algún momento leí por alguna parte que a los niños que pasan por estas rabietas, si en ese momento les abrazas les ayudas a contener su agresividad. 

En casa somos muy cariñosos con la peque y siempre estamos repartiendo besos y abrazos. En cuanto Eli pasa por algún momento tenso, la apretujo contra mi y la digo "que enfadada estás, pero ya veras como pronto se te pasa. ¿Nos damos un abrazo?" y oye a veces suena la flauta y me lo devuelve. Nunca me puse a practicarlo como algo que hubiese leído en plan "desde mañana lo hago a ver si funciona" me sale solo, la verdad. Tengo necesidad de achucharla todo el tiempo y más si está mal.

Creo que al tomar esa actitud le demuestro que no esta sola, que puede contar conmigo y creo que la ayudo a gestionar esas emociones tan normales para esta edad.

Pero no te vayas a pensar que en esta casa todo es idílico y maravilloso. Nada mas lejos de la realidad. Ha habido ocasiones en las que cuando me ponía en plan mamá oso,  me pegaba (sin quererlo ella) alguna guantá y ya no era tan bonito lo de contener esa rabia en un abrazo. 


Como hay veces que la peque no responde a estos gestos cariñosos de manera adecuada, por si las moscas, en una siesta de las suyas aproveché para hacerle una botella de la calma. En youtube se encuentran mogollón de tutoriales para hacer de mil maneras este recurso anti estrés para niños que también sirve para los mayores y como decoración también queda precioso. 

Para hacer esta botella de la calma necesitas: 
Una botella transparente de plástico
Agua caliente
Pegamento liquido transparente
Colorante alimenticio
Purpurina de color azul o plata
Alguna lentejuela o otro tipo de purpurina en forma de estrella mas grande
Unos palillos chinos para remover la mezcla
                   
Es muy fácil, llenamos la botella de agua caliente pero dejamos un poco de espacio para que cuando la agitemos se vea mejor el movimiento.
Echamos el pegamento liquido, yo lo eche todo. Cuanto más grande sea la botella más pegamento tendremos que echar.
Después echamos unas gotas de colorante, en este caso recomiendo que sean colores como el azul por que siempre se ha dicho que los colores fríos llaman a la relajación y  la tranquilidad.
La purpurina igual, azul o plata en este caso. Habrá que echar un botecito entero. Las lentejuelas o purpurina de otras formas pero más grande es opcional. Si es verdad que cuando agitas la botella, se ven pasar esos trocitos y queda mas bonito. Por último, removemos todo muy bien, cerramos la botella y ya la tenemos. 
Recuerda que la botella de la calma no es un juguete. Se le da al peque en estas ocasiones puntuales y al mirar como se mueve la purpurina lentamente, poco a poco van recuperando la calma, van gestionando sus emociones, sabiendo ponerles nombre, pensando sobre lo que ha pasado y además les distrae del enfado tan intenso que puedan tener. Se puede aprovechar para hablarles sobre lo que a ocurrido, preguntarles que sienten, darles soluciones o simplemente estar ahí y escucharles. :) 


¡Ay! los terribles 2 años... maravillosos, intensos y desquiciantes a partes iguales. Precioso todo oye.

¿Qué te parece este recurso? ¿Crees que le serviría a tu peque para aplacar las rabietas?